De como vine a parar aquí y por qué motivo

Acabáis de entrar en La Calle del Olvido. No sé como habéis llegado hasta ella, pero sed bienvenidos igualmente. Supongo que estáis de paso ¿Me equivoco? No, probablemente no. Esa es la intención de todos los viandantes al encontrarla: cruzar sin mirar atrás. O al menos, era mi intención. Yo llegué aquí casi sin darme cuenta; cuando lo hice, me extrañó hallarme en tan curioso lugar. Estaba prácticamente desierta, tal y como vosotros la veis ahora; apenas si había tres o cuatro errabundos sin rostro más.

Traté de entablar conversación, pero no me fue posible: evidentemente, era invisible para ellos. Vagué por la calle, intrigada, con el fin de encontrar a alguien que me indicase el camino de vuelta, pues ante mí y a mis espaldas se extendía un sendero de tierra seca y resquebrajada poblado de enormes guijarros que parecía no tener fin. Justo entonces, me di de bruces con una mecedora de madera que crujía a cada vaivén. 

En ella se sentaba una viejecilla de rostro ajado y enjuto que miraba al infinito mientras sostenía un libro abierto entre las manos. Me dirigí a ella, sin albergar muchas esperanzas, pero para mi sorpresa me contestó y me contó los secretos que esconde la Calle del Olvido. Me explicó que ella era lo que vulgarmente se conoce como "mi conciencia" y que a su llamada se debía que yo me encontrase aquí: me estaba desviando demasiado del status quo que el destino me depara y no lo podía permitir. 

Me contó también que las gentes que había visto anteriormente no eran sino las personas que ocuparán un lugar importante en mi vida en el futuro, pero que ni a ellas ni cómo era la calle realmente podría verlas hasta que pasase a formar parte de la misma. Intrigada, pregunté a qué se refería y me contestó que la calle realmente no era como yo la estaba viendo: En realidad, estaba poblada de edificios. O tal vez de árboles frutales, o quizá contenía la inmensidad del mar. Porque para cada persona es diferente. 

La Calle del Olvido es allí donde acuden las almas errantes que están cansadas de fingir ser lo que no son para olvidarse de todo y poder ser, mientras pasean durante un rato, ellas mismas. Y, según me dijo, ese sería el fin de mis deambulaciones por allí: aprender a ser yo misma.

En mi Calle del Olvido están aquellas cosas importantes para mí de las que inconscientemente me estaba olvidando un poco cada día. Supongo que de ahí el nombre. En ella hay vastísimas bibliotecas, cines que abren las veinticuatro horas del día y tres o cuatro conciertos por semana. Aquí las modas y las apariencias ocupan un lugar secundario. En este lugar me hago valiente, tomo las decisiones que realmente quiero obviando las consecuencias y juego a ser lo que anhelo ser en el futuro. En este lugar puedo decir lo que me venga en gana sabiendo de antemano que mi opinión va a ser la más importante. También se me permite sonreír cuando pueda y llorar cuando me apetezca. Y siempre están presentes mis seres queridos, todos, aunque a veces no de manera muy positiva; si fuera de este modo, todo sería perfecto como en el cielo, pero esto no es el cielo... Sólo es una calle.

He de reconocer que no está mal ser una vagabunda por estos lares, pero echo de menos la compañía. Por ello, os invito a que os quedéis conmigo, en calidad de perros callejeros (y no, esto no es un insulto: un perro es siempre el tesoro más preciado de su dueño), y me acompañéis a lo largo del paseo por La Calle del Olvido, el lugar donde convergen los sueños... O al menos los míos.

Comentarios

Patri Hache ha dicho que…
Pues yo me quedo =)
Anónimo ha dicho que…
o.O me encanta!
Buzo ha dicho que…
Qué bonito comienzo. Me quedo, por aquí por allí pero me quedo.